¿Qué más necesitamos para aprender?

Por: Néstor Estévez
nestorestevez.net

“La letra con sangre entra” es una expresión utilizada por algunos padres y maestros para referirse a la educación y crianza de los hijos. Por fortuna, se considera parte de una etapa ya superada, por lo menos, a la luz de los avances en educación.

Sin embargo, a juzgar por nuestras acciones en relación con el entorno, da la impresión de que necesitaremos más que sangre para poder aprender.

La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 2010 como “Año Internacional de la Diversidad Biológica”. El propósito era atraer más la atención internacional al problema de la pérdida continua de la biodiversidad.

En esa línea fueron asumidos tres aspectos centrales: destacar la importancia de la biodiversidad en la vida humana, reflexionar sobre nuestros logros en la conservación de la biodiversidad, y alentar a redoblar nuestros esfuerzos para reducir significativamente el ritmo de pérdida de biodiversidad.

Como soporte a esa decisión, en 2011 la ONU declaró el comienzo de la Década de la Biodiversidad, iniciativa destinada a combatir la pérdida de especies y riqueza biológica, con vistas a concluir en este 2020. Pero muy poco se ha conseguido avanzar. Para solo citar un ejemplo, en 2018, en un informe de la organización ecologista WWF, se daba cuenta de una reducción media del 60% de las especies de vertebrados en las últimas cinco décadas.

Ante esa situación abrumante, se decide renovar los esfuerzos declarando el 2020 como “Año de la Biodiversidad”. Por eso el Convenio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la Diversidad Biológica se ha marcado como objetivo proteger, al menos, el 30% de la biodiversidad en la tierra y el océano para el año 2030.

Pero lo real es que tenemos muchos temas como excusas para dedicarnos a otras cosas, aunque vayan justo en contra de proteger la biodiversidad.

Tanto Covid-19 (con todo y su atribuida vinculación con alteraciones de la biodiversidad) como la carrera política de cara al 5 de julio provocan que muchos temas, aunque sean realmente vitales, queden relegados.

Acaban de pasar el Día Internacional de la Biodiversidad (22 de mayo), el Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio), y el Día Mundial de los Océanos (8 de junio). Pero la avalancha de mensajes ha estado muy distante de temas relacionados con asuntos tan vitales como el aire que respiramos, la comida que comemos, el agua que bebemos y todo lo que hace posible que la vida exista en la Tierra: la biodiversidad.

Da la impresión de que, al escuchar sobre el ambiente, a mucha gente solo le llega a su cerebro ese “pasarla bien”, de cuando se está “en ambiente”. También parece que escuchar sobre biodiversidad solo genera algunas imágenes vinculadas a “los montes”.

Mientras estos temas son relegados, la deforestación, la invasión de hábitats de vida silvestre, la agricultura intensiva y la aceleración del cambio climático siguen dañando el entorno. Los seres humanos hemos creído que la naturaleza está a nuestro servicio y que podemos hacer con ella lo que queramos. Por eso no entendemos lo que nos enseña la naturaleza: si se destruye la biodiversidad las pandemias zoonóticas (que se transmiten de animales a personas) se extienden más fácilmente porque se acorta la cadena de contagios entre especies.

¿Qué más falta para que entendamos que la biodiversidad es esencial para toda la vida en el planeta? ¿Cómo estamos pensando en resolver la creciente necesidad de agua potable, aire sano, alimentos y medicamentos? ¿Cuándo entenderemos las consecuencias de las alteraciones que estamos provocando?

Es tan sencillo como entender que en cualquier ecosistema cada eslabón tiene, por lo menos, una función y un área asignada. Si se le cambia de función o de área, ahí comienzan los problemas.

Para quien todavía necesite más detalles, he aquí un sencillo ejemplo: piense en una bacteria con una función muy útil, y hasta imprescindible, en su colon (parte de su aparato digestivo). Piense ahora que esa bacteria, por algún medio, llegó a su esófago (también parte de su aparato digestivo). ¿Sabe que eso puede provocar su muerte? (la muerte suya, no la de la bacteria, por si acaso).

Mientras siga nuestra deficiencia para aprender que somos un simple eslabón de la biodiversidad, mientras nos cueste entender que sencillamente se trata de vida, ha de llegar el momento para que cada quien asuma sus responsabilidades. Quizás todavía estemos a tiempo.

Autor: Ramón Bierd Henríquez

Periodista-Comunicador

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