Al dedillo: “Me quedé sin limones”

Por: Johanna Benoit

Saludos amigos lectores

Una mañana de mayo un grupo de hermanas decidimos salir a caminar por los campos de aquellas tierras que han parido grandes hombres y mujeres que han hecho camino al andar, Navarrete.

El reloj marcaba las nueve de la mañana, nosotras firmes al caminar, cuando de repente nos sorprendió aquel terreno dedicado a la siembra de limones. En ese mismo instante recibimos una llamada del buen amigo lejano que hace vida en los Estados Unidos, Marito, y nos dice como va lo cosa, surgió una conversación, les decíamos que caminábamos frente a un terreno de cultivo de frutas de limones, oh que casualidad, sorpresa nos dimos, luego pregunta el navarretense ausente, más o menos por donde andan ustedes, le narramos el paseíto que hacíamos, una pausa y nos dice, esas tierras por donde ustedes pasan son de mi propiedad, y de inmediato nos comenta, gentilmente, voy a llamar a los trabajadores de la finca para que le permitan entrar y llevarse lo que ustedes se antojen.

Un portón de verjas de color marrón era abierto por los colaboradores de aquel terreno sembrado de limones, amablemente, ellos al ver el cuarteto de mujeres jóvenes sonreían hasta más no poder, al día de hoy le dicen a su patrón que grata visita las de esas mujeres, nos alegraron la mañana, esta hacienda necesita recibir visitas más a menudo como las de hoy.

No pasó un segundo para que tomáramos las riendas y nos adueñáramos de aquellos árboles frutales, una cosecha prospera, innumerables razones para usarlo, infinitos los beneficios que nos proporciona y su valor nutricional, previenen enfermedades, su fruto tiene un alto contenido en vitamina C, además del las múltiples utilidades que le damos en el hogar, en situaciones de salud y cocinar alimentos.

Pues les cuento que a lo largo del recorrido de las plantaciones cítricas, mis hermanitas, Yomaris Josefina, Ivelisse del Carmen, Idelka de los Ángeles, no dejábamos de percibir ese rico olor que nos transportaba a un remanso de paz.

Llevándonos de la frase que dice; en la vida hay que dar para recibir, nos fuimos al pueblo a repartir limones y al final nos quedamos sin limones, un desenlace feliz, pero sin limones. Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

Un canto de amor a los limones de mi patio.

Que vivan los limones de mi tierra.

Me pregunto, ¿Cómo sería la vida sin limones?.

Hasta otra entrega

Que Dios les bendiga!

benoit181182@gmail.com

Autor: Ramón Bierd Henríquez

Periodista-Comunicador

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